Cuantos de nosotros hemos visitado las ruinas de unos antiguos baños árabes (por ejemplo: el Bañuelo, en Ganada; los Baños del Niño, en Jaén; los baños árabes de Mallorca;…) y hemos deseado habernos teletransportado allí a su época: ver cómo funcionaban, sentir sus olores, las sensaciones en la piel, el ambiente,…
Por eso he querido dedicar un articulo del blog a los famosos baños árabes, también llamados hamman, de Al-Ándalus.
Hay que entender que la higiene es un pilar fundamental de la cultura árabe (a diferencia de la cultura europea de la época), ya que el baño para los musulmanes respondía esencialmente a la idea religiosa de la limpieza corporal previa a la oración. Es por ello que cuando conquistaron la península aprovecharon las infraestructuras de las termas romanas, adaptándolas y ampliando las técnicas y funciones de las mismas.
El baño también era una cura de humildad: en él todos eran iguales, ricos y pobres, ya que en el baño público nadie se diferenciaba de nadie y el recinto, pasaba a convertirse en lugar de reunión. Se hizo una diferenciación por sexos para dar seguridad y privacidad a cada género, de forma que a los hombres les correspondía acudir a la mañana y a las mujeres por la tarde.
Allí a parte de relajarse, las mujeres se embellecían con diferentes ungüentos, perfumes, se depilaban, se teñían el cabello,… Además, a la vez de arreglar su aspecto, allí era donde se ponían (mujeres y hombres) al día de las últimas noticias y de las diferentes intrigas políticas. Digamos, que además de cumplir su función religiosa, los baños suponían un lugar de reunión social y punto de encuentro.
¿En que partes se dividen los baños árabes?

Lo primero que hacemos al entrar en el recinto de un hamman es acceder al vestíbulo. Aquí es donde nos quitaríamos las ropas y nos darían una toalla o albornoz, para acceder a la siguiente sala, además de darnos unas especies de chanclas para poder andar por el interior sin abrasarnos los pies.
La sensación que nos daría al entrar debía ser muy acogedora y relajante. Los suelos solían estar recubiertos de mármol blanco y las paredes enlucidas estarían pintadas con decoraciones o bien recubiertas con entramados de azulejos vidriados. El espacio estaría únicamente iluminado por la tenue luz obtenida de sus pequeños tragaluces, de forma octogonal cubiertos por vidrios de colores.
La primera parte del circuito sería la sala caliente, tipo sauna, donde se nos dilatarían los poros favoreciendo la limpieza de la piel.
La siguiente sala sería la sala templada. Aquí podríamos contratar a alguien para que nos frotara el cuerpo con una esponja y jabones perfumados. Además nos podrían dar un masaje para desentumecer el cuerpo a cambio de unas pocas monedas. Aquí es donde se congrega la mayor parte de la gente y donde tienen lugar las reuniones anteriormente mencionadas.
Para acabar se accedía finalmente a la sala fría, donde los poros se cierran y quedaría concluido el ciclo del ritual de la limpieza.
Final de Al-Ándalus y final de los baños árabes

Según la historia de España, tras la caída de Granada, los moriscos mantuvieron esta costumbre, pero los teólogos cristianos españoles del siglo XVI se escandalizaban de que se bañasen desnudos aún en invierno, lo que consideraron pecaminoso (¡viva la mugre!). Además también consideraron culpables a los baños del contagio de diferentes enfermedades ya que consideraban que era un acto impuro el simple hecho de bañarse.
Felipe II finalmente, acabó por cerrar todos los baños públicos. Para entonces tener higiene no estaba para nada a la moda y era un acto que iba en contra de los principios de la religión cristiana.