Anafre o Anafe, los hornillos portátiles de la cocina en al-Ándalus

En el ajuar de la casa en al-Andalus, los utensilios y enseres necesarios para la preparación de la comida eran muchos y variados, adaptados a las características específicas de cada receta. Aunque existían hornos de obra, las cocinas de las casas nazaríes no solían tener un espacio fijo reservado dentro del hogar. Los objetos destinados a cocinar se almacenaban en alacenas y, para la preparación de los alimentos, se empleaban anafres, hornillos portátiles que podían trasladarse fácilmente al patio, el pórtico u otros espacios de la casa.

El anafre es un hornillo generalmente portátil que contenía brasas o ascuas, y que servía tanto para preparar alimentos como para calentar comidas. El término deriva del árabe hispánico annáfiẖ y éste, a su vez, del árabe clásico nāfiẖ, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Diseño y funcionamiento del anafre

Estructuralmente, el anafre se divide en dos partes principales:

  1. Zona inferior o cenicero: Es la cámara de combustión, separada del cuerpo superior mediante una parrilla. Además de sostener las brasas, esta zona incluía una abertura amplia que funcionaba como tiro para oxigenar el fuego y permitía retirar las cenizas acumuladas.
  2. Zona superior o brasero: De boca abierta, en esta parte se apoyaban los recipientes para cocinar, como cazuelas o marmitas. Para un funcionamiento óptimo, contaba con pequeñas aberturas en la parte superior que facilitaban la circulación del aire.

Algunas piezas estaban diseñadas con asas que hacían más sencillo su transporte, permitiendo que se usaran en diferentes partes del hogar.

Usos del anafre en la cocina andalusí

El anafre era ideal para cocinar a fuego lento, preparar salsas y cremas, calentar agua o mantener calientes los alimentos con los últimos rescoldos de las brasas. Su diseño práctico y sencillo permitía elaborar una gran variedad de platos, como guisos, verduras, pescados, carnes y frituras. Además, también se utilizaba como un sistema de calefacción en los meses fríos.

Variedad de diseños y decoraciones

A lo largo de su historia, los anafres presentaron una notable diversidad en formas y materiales. Desde modelos cilíndricos hasta troncocónicos, estos hornillos eran realizados principalmente en cerámica sin vidriar con pastas refractarias resistentes al fuego. Algunos de ellos incluían incisiones o muescas decorativas que embellecían la pieza. Muchas de estas piezas muestran evidencias de su uso, como tonalidades grisáceas producto de la exposición al fuego.

También se fabricaron anafres en cerámica vidriada, especialmente en azul y blanco. Estos ejemplares, de menor tamaño, probablemente se usaban para mantener calientes platos o infusiones en la mesa. Su elaboración cuidada y decorativa sugiere que tenían una función tanto utilitaria como ornamental.

Anafres en miniatura y su legado

Es significativo también el hallazgo de anafres de dimensiones diminutas, usados como juguetes. Estas miniaturas imitaban los originales y eran acompañadas por cazuelas y marmitas pequeñas, permitiendo a los niños jugar a cocinar.

El anafre no solo fue un elemento esencial en la cocina andalusí, sino que dejó una huella perdurable en la península Ibérica. Su uso continuó tras la etapa hispanomusulmana, como se puede observar en cuadros de la Edad Moderna como La vieja friendo huevos de Velázquez, donde aparece un anafre sobre el que se cocinan alimentos. Otros ejemplos como Vendedoras de rosquillas en un rincón de Sevilla, de Manuel Wssel de Guimbarda, muestran la utilización de anafres portátiles en puestos callejeros.

Incluso en el villancico popular Hacia Belén va una burra, se hace referencia al anafre (“con su molinillo y su anafre…”), lo que evidencia su importancia en la cultura popular.

El anafre en la actualidad

Hoy en día, el anafre sigue siendo parte del repertorio de los ceramistas tradicionales. En algunas zonas de Andalucía y el norte de África, todavía se utilizan, conservando la tradición transmitida desde al-Andalus. Un ejemplo es el anafre de la colección del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, realizado en Motril (Granada) en 1980, que refleja la continuidad de este legado histórico.

Referencias bibliográficas:

  • Con Pan, Aceite y Vino. La tríada mediterránea a través de la historia: guía para disfrutar la exposición y para lectores en casa. Granada: Grupo Editorial Universitario, 1997.
  • Gutiérrez Lloret, S. (1990-1991). “Panes, hogazas y fogones portátiles. Dos formas cerámicas destinadas a la cocción del pan en al-Andalus: el hornillo (tannūr) y el plato (tabag)”. Lucentum, IX-X, p. 161-175.

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